
Una invitación a redescubrir el verdadero sentido de las Juntas de Vecinos y el papel que cada uno de nosotros tiene en el futuro de Santo Domingo.
¿Dónde desapareció la comunidad?
Hay algo que debiera inquietarnos.
Todos hablamos de los problemas del barrio.
De la seguridad.
De la basura.
De los ruidos.
De las plazas.
Del tránsito.
De los proyectos que no llegan.
Pero muy pocas veces nos hacemos una pregunta mucho más incómoda.
¿Qué estamos haciendo nosotros para construir la comunidad en la que queremos vivir?
La Ley N°18.695, Orgánica Constitucional de Municipalidades, es clara al señalar que la principal función de una municipalidad es trabajar por el desarrollo de la comuna y el bienestar de sus habitantes.
Y existe otra ley, la Nº 19.418 sobre Juntas de Vecinos y Organizaciones Comunitarias, que entrega a las Juntas de Vecinos una misión igualmente importante.
No fueron creadas simplemente para organizar una celebración, postular un proyecto o gestionar una subvención.
La ley les asigna una tarea mucho más trascendente.
Fortalecer la vida comunitaria.
Representar a los vecinos ante las autoridades.
Promover la seguridad.
Impulsar el mejoramiento del barrio.
Fomentar la participación.
Crear espacios de encuentro y colaboración.
En otras palabras, las Juntas de Vecinos fueron concebidas como el corazón de la comunidad.
Sin embargo, basta recorrer nuestra comuna para hacerse una pregunta inevitable.
¿Están cumpliendo hoy ese rol?
Pero quizás existe una pregunta todavía más importante:
¿Puede existir una buena Junta de Vecinos cuando los vecinos han dejado de comportarse como comunidad?
Es fácil responsabilizar a una directiva.
Es mucho más difícil mirarnos a nosotros mismos.
Porque la misma ley que establece las funciones de las Juntas de Vecinos también habla de las responsabilidades de quienes las integran.
Los vecinos debemos participar.
Asistir a las asambleas.
Elegir a nuestros dirigentes.
Respetar los acuerdos.
Colaborar en las actividades.
Cuidar los espacios comunes.
Resolver nuestras diferencias mediante el diálogo.
En definitiva, construir convivencia.
Las leyes que regulan la vida municipal fueron escritas sobre un supuesto muy simple, pero profundamente importante: que existirían ciudadanos dispuestos a involucrarse.
Sin vecinos comprometidos, ninguna institución puede cumplir plenamente su misión.
¿Y cuál es el rol de la Municipalidad?
También aquí vale la pena detenerse.
Con frecuencia entendemos que el trabajo municipal consiste en mantener las calles, recoger la basura, podar árboles, iluminar espacios públicos o ejecutar proyectos de infraestructura.
Todo eso, por supuesto, es parte de sus responsabilidades.
Pero la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades también le entrega otra misión menos visible y, probablemente, igual de importante: promover el desarrollo comunitario.
Eso significa fortalecer las organizaciones sociales, apoyar a las Juntas de Vecinos, fomentar la participación ciudadana, generar instancias de encuentro, capacitar dirigentes y ayudar a construir una comunidad más cohesionada.
Esa tarea recae principalmente en la Dirección de Desarrollo Comunitario (DIDECO).
La pregunta entonces no busca señalar culpables.
Busca abrir una conversación.
¿Estamos dedicando suficiente energía a fortalecer nuestra vida comunitaria o hemos terminado reduciendo esa misión a una serie de trámites administrativos?
Porque una comunidad fuerte no se construye únicamente con inversión pública.
Se construye fortaleciendo las relaciones entre las personas.
Lo que hacen las comunidades que funcionan
Durante muchos años hemos aprendido a delegar.
Esperamos que el municipio resuelva.
Que la Junta de Vecinos organice.
Que Carabineros cuide.
Que otro haga.
Pero cuando observamos algunas de las comunidades con mejor calidad de vida del mundo descubrimos algo distinto.
En Dinamarca, la participación ciudadana en organizaciones locales, clubes deportivos, agrupaciones culturales y actividades de voluntariado forma parte de la vida cotidiana. Esa red de relaciones genera confianza entre las personas, fortalece el sentido de pertenencia y hace que los barrios funcionen mejor.
En los Países Bajos se han desarrollado las llamadas Caring Communities (Comunidades Cuidadoras), barrios donde los propios vecinos organizan redes de apoyo, acompañamiento, actividades intergeneracionales y ayuda mutua, especialmente pensando en las personas mayores, pero beneficiando a toda la comunidad.
Y las investigaciones realizadas en las llamadas Blue Zones (Zonas Azules), aquellos lugares del mundo donde las personas viven más años y con mejor calidad de vida, llegan a una conclusión sorprendente.
La longevidad no depende solamente de una buena alimentación o del ejercicio físico.
Depende también de sentirse parte de una comunidad.
De conocer a los vecinos.
De confiar en ellos.
De participar.
De tener razones para salir de la casa.
De sentir que uno pertenece.
Las comunidades que florecen no lo hacen porque tienen mejores alcaldes.
Florecen porque tienen vecinos que entienden que vivir en comunidad también implica una responsabilidad.
Todo comienza con un sueño compartido
En la Fundación Soñar Santo Domingo creemos que las comunidades no nacen por accidente.
Se imaginan antes de construirse.
Porque nadie construye aquello que antes no ha sido capaz de soñar.
Si queremos una comuna más segura, más amable, más participativa y con mejor calidad de vida para niños, jóvenes, adultos y personas mayores, primero debemos atrevernos a imaginarla.
Debemos conversar sobre ella.
Debemos compartir ese sueño.
Y sólo entonces podremos comenzar a convertirlo en realidad.
Los grandes cambios rara vez comienzan con una obra.
Comienzan cuando una comunidad descubre que comparte un mismo horizonte.
La conversación que Santo Domingo necesita
Tal vez ha llegado el momento de dejar de preguntarnos únicamente qué puede hacer la Municipalidad.
O qué debería hacer la Junta de Vecinos.
Tal vez la pregunta correcta sea mucho más desafiante.
¿Qué estamos haciendo nosotros para construir la comunidad que soñamos?
Porque la convivencia no aparece por decreto.
La confianza tampoco.
La seguridad mucho menos.
Todo eso se construye, día a día, en las conversaciones, en las reuniones vecinales, en el cuidado de los espacios comunes, en el respeto por quienes piensan distinto y en la disposición a colaborar.
Quizás el mayor desafío de Santo Domingo no sea solamente desarrollar nuevos proyectos.
Quizás sea volver a reconocernos como vecinos.
Volver a encontrarnos.
Volver a descubrir que compartimos mucho más que calles o plazas.
Compartimos un mismo lugar para vivir, para criar a nuestros hijos, para acompañar a nuestros mayores y para envejecer juntos.
Porque, al final, la comunidad en la que vivimos será exactamente aquella que estemos dispuestos a construir entre todos.
Y toda gran construcción comienza mucho antes del primer ladrillo.
Comienza en la capacidad de imaginar un futuro distinto.
Comienza cuando una comunidad se atreve a soñar.
Pero los sueños, por sí solos, no cambian la realidad.
La transforman las personas que deciden actuar para hacerlos posibles.
Por eso queremos dejar abiertas algunas preguntas para todos quienes amamos Santo Domingo.
¿Por qué nuestras Juntas de Vecinos no están cumpliendo plenamente el rol que la ley les asigna?
¿Qué está faltando? ¿Más liderazgo? ¿Más apoyo de la Municipalidad? ¿Más participación de los vecinos? ¿O un poco de todo?
¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros para construir la comunidad en la que decimos querer vivir?
Y, finalmente, la pregunta más importante de todas:
Si la comunidad en la que vivimos depende de nosotros… ¿qué estamos dispuestos a hacer, personalmente, para que Santo Domingo sea un mejor lugar para vivir, convivir y envejecer juntos?
Porque las grandes comunidades no aparecen por casualidad.
Se construyen.
Y siempre comienzan cuando alguien decide dar el primer paso.
Fundación Soñar Santo Domingo
Soñando hoy la comunidad que heredarán las próximas generaciones.
¿Quieres saber más sobre quiénes somos, qué hacemos y cómo sumarte?
Visítanos en www.soñarsantodomingo.cl o escríbenos a hola@soñarsantodomingo.cl.
Hay un lugar en este sueño para ti.

