Ya elegimos. ¿Cómo SABER si nos EQUIVOCAMOS?

Una elección no termina cuando se cuentan los votos. Recién entonces comienza la parte más difícil: comprobar si quienes elegimos están cumpliendo, si las decisiones que toman son las correctas y si el equipo que escogimos está construyendo el Santo Domingo que queremos. Equivocarse al votar puede ocurrir. Lo que no deberíamos hacer es esperar cuatro años para descubrirlo.

Hay una tentación bastante común en la política: pensar que la relación entre los ciudadanos y sus autoridades comienza durante una campaña y termina el día en que se conocen los resultados.

No debería ser así.

Una vez que elegimos alcalde y concejales, comienza una etapa mucho más importante: la de observar cómo utilizan la responsabilidad que les entregamos.

Y hoy Santo Domingo está precisamente en ese momento.

Ya elegimos. Ya sabemos quiénes conducirán la municipalidad y quiénes integrarán el concejo municipal durante este período. Y ya han estado al mando por casi dos años. Por eso, quizás este no sea el momento para preguntarnos nuevamente a quién habríamos elegido. Es el momento de hacernos otras preguntas.

¿Qué se ha hecho? ¿Qué se prometió? ¿Qué está funcionando? ¿Qué falta? ¿Qué se puede mejorar? ¿Cómo se están utilizando los recursos? ¿Se está cumpliendo el programa? ¿Se están tomando buenas decisiones? ¿El concejo está fiscalizando adecuadamente?

Porque hay algo que como ciudadanos deberíamos atrevernos a reconocer: podemos equivocarnos al votar. Lo que no deberíamos hacer es esperar cuatro años para descubrirlo.

Y descubrir si acertamos o nos equivocamos no requiere esperar a la próxima elección. Requiere algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más exigente: evaluar.

Evaluar no es atacar

Desde Fundación Soñar Santo Domingo creemos que evaluar una gestión municipal no significa transformarse automáticamente en oposición.

Tampoco significa aplaudir todo lo que hace una autoridad simplemente porque fue elegida democráticamente.

Una democracia madura necesita algo bastante más difícil: la capacidad de reconocer lo que está bien, señalar lo que está mal y exigir que aquello que puede mejorar, mejore.

Eso requiere abandonar una lógica demasiado instalada en nuestra conversación pública: aquella en que toda crítica es entendida como ataque y todo reconocimiento como adhesión.

No.

Se puede reconocer una buena decisión sin convertirse en partidario de quien la tomó. Se puede cuestionar una mala decisión sin pretender deslegitimar a quien fue elegido.

La democracia funciona mejor cuando somos capaces de separar las personas de las decisiones y las simpatías políticas de la evaluación de los resultados.

¿Qué deberíamos mirar?

La primera pregunta debería ser sencilla:

¿La municipalidad está haciendo aquello que corresponde hacer y lo está haciendo bien?

Eso significa mirar la gestión con cierta distancia de las redes sociales, de las fotografías y de los discursos.

Una obra inaugurada no es necesariamente una buena obra.

Un proyecto anunciado no es todavía un proyecto realizado.

Una publicación en redes sociales no es un resultado.

Por eso debemos aprender a mirar más allá de la comunicación y preguntarnos por los resultados concretos.

¿Se están ejecutando los proyectos comprometidos?

¿Se están obteniendo recursos externos?

¿Se están administrando responsablemente los recursos municipales?

¿Las prioridades presupuestarias responden realmente a las necesidades de Santo Domingo?

¿La planificación urbana está pensando en el largo plazo?

¿La seguridad está siendo abordada con coordinación y seriedad?

¿La mantención de calles, plazas, áreas verdes y espacios públicos responde a los estándares que los vecinos esperan?

¿La municipalidad está modernizando sus procesos y facilitando la vida cotidiana?

No son preguntas partidistas.

Son preguntas ciudadanas.

También debemos mirar al concejo

Hay algo que a veces olvidamos: la municipalidad no es solamente su alcalde.

El concejo municipal también forma parte de la institucionalidad que elegimos.

Por eso, a mitad del período, también deberíamos preguntarnos qué están haciendo nuestros concejales.

¿Asisten y participan activamente en las sesiones?

¿Estudian los proyectos que deben aprobar?

¿Formulan preguntas?

¿Fiscalizan?

¿Solicitan información cuando corresponde?

¿Representan adecuadamente las inquietudes de los vecinos?

¿Son capaces de apoyar una buena iniciativa aunque provenga de una administración que no sea de su sector?

¿Y son capaces de cuestionar una mala decisión aunque hacerlo resulte políticamente incómodo?

Un concejal no fue elegido para ser simplemente un acompañante del alcalde.

Tampoco fue elegido para oponerse a todo.

Fue elegido para representar, participar, fiscalizar y contribuir a que las decisiones municipales respondan al interés de la comunidad.

Eso también merece ser evaluado.

Evaluar con información

Pero para evaluar bien necesitamos algo que hoy parece cada vez más escaso: información.

No basta con escuchar lo que dice la autoridad.

Tampoco basta con escuchar lo que dice quien la critica.

Necesitamos aprender a buscar los antecedentes, revisar los presupuestos, conocer los proyectos, observar los resultados y contrastar las promesas con los hechos.

La ciudadanía no puede convertirse en una audiencia que recibe propaganda municipal por una vereda y propaganda política por la otra.

Tiene que transformarse en un tercer actor: informado, atento e independiente.

Porque cuando los ciudadanos preguntan, las autoridades tienen que explicar.

Cuando los ciudadanos conocen, las autoridades tienen que responder.

Y cuando los ciudadanos recuerdan lo que se prometió, las campañas dejan de ser una competencia de frases bonitas y comienzan a convertirse en verdaderos contratos de responsabilidad pública.

No todo tiene que ocurrir mañana

También necesitamos aprender a evaluar los tiempos.

Una buena gestión municipal no puede medirse únicamente por lo que alcanza a inaugurarse dentro de cuatro años.

Hay proyectos que requieren estudios, permisos, financiamiento y coordinación con otras instituciones. Hay decisiones cuyos resultados se verán mucho después de que termine una administración.

Por eso también debemos distinguir entre anunciar, iniciar, ejecutar y terminar.

Y aquí aparece una pregunta fundamental:

¿Se está construyendo hoy algo que Santo Domingo necesitará mañana?

Porque gobernar no debería consistir solamente en resolver las urgencias del presente.

También significa preparar el futuro.

La mitad del camino es un buen momento para mirar hacia adelante

Estar a mitad de un período municipal tiene una ventaja.

Todavía queda tiempo.

Tiempo para reconocer lo que funciona.

Tiempo para corregir lo que no funciona.

Tiempo para acelerar proyectos.

Tiempo para cambiar prioridades cuando las circunstancias lo exigen.

Y tiempo, también, para comenzar a pensar qué Santo Domingo queremos dentro de diez, veinte o treinta años.

Por eso una evaluación ciudadana no debería convertirse en un juicio anticipado.

Debería convertirse en una herramienta.

Una herramienta para mejorar la gestión actual y, al mismo tiempo, para aprender de ella.

Porque cada administración municipal deja una experiencia. Algunas decisiones funcionan. Otras no. Algunos proyectos demuestran ser acertados. Otros enseñan lo que no debería repetirse.

Una comunidad inteligente aprende de todo eso.

Y cuando llegue la próxima elección…

Entonces sí volveremos a votar.

Pero sería deseable que llegáramos a ese momento con algo más que recuerdos, fotografías o impresiones.

Deberíamos llegar con información.

Con una memoria de lo ocurrido.

Conociendo las promesas realizadas y sus resultados.

Sabiendo qué proyectos llegaron a puerto y cuáles quedaron en el camino.

Conociendo cómo se administraron los recursos.

Observando cómo actuó el alcalde.

Y también cómo actuaron nuestros concejales.

Porque quizás la mejor manera de mejorar nuestras futuras elecciones no sea esperar a que llegue la próxima campaña.

Es comenzar a evaluar desde ahora.

Desde hoy.

Sin odios. Sin fanatismos. Sin complacencia.

Con la tranquilidad de quien sabe que exigir una buena gestión no significa estar contra nadie.

Significa estar a favor de Santo Domingo.

En Fundación Soñar Santo Domingo creemos que soñar el futuro también implica hacernos responsables de observar cómo lo estamos construyendo.

Ya elegimos a quienes tienen la responsabilidad de conducir y representar a Santo Domingo. Ahora nos corresponde a nosotros ejercer la responsabilidad de ciudadanos: mirar, preguntar, reconocer, cuestionar y exigir.

Porque el voto entrega una responsabilidad.

Pero la ciudadanía no termina cuando se cierra la urna.

Continúa durante los cuatro años.

Y quizás allí esté una de las claves para construir el Santo Domingo que soñamos: no esperar la próxima elección para volver a mirar, sino aprender a mirar todos los días.

 

Fundación Soñar Santo Domingo

Soñando hoy la comunidad que heredarán las próximas generaciones.

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