No hay futuro si fallamos a nuestros niños

Voces de la Provincia es un espacio abierto creado por la Fundación Soñar Santo Domingo para publicar las reflexiones, propuestas y opiniones de personas que contribuyen al debate público sobre el presente y el futuro de nuestra provincia. Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor.

Germán Mayo de Goyeneche / Concejal de Santo Domingo

Cada generación recibe un territorio y tiene la responsabilidad de entregarlo mejor a la siguiente. Santo Domingo, con su identidad, su patrimonio, su entorno natural y la forma particular en que hemos elegido vivir, también está llamado a prepararse para ese futuro.
Hoy también nos corresponde preparar a nuestros hijos para un mundo que ya comienza a cambiar: un San Antonio convertido en gran plataforma portuaria y logística, una provincia llena de nuevas oportunidades y una educación capaz de abrirles las puertas para conquistarlas.
El futuro no se espera. No se improvisa. No se hereda. Se construye.

Hay decisiones que una comuna puede postergar. La educación de nuestros hijos no es una de ellas.

Por eso creo que la discusión que se está abriendo en Chile sobre el futuro de la educación merece que Santo Domingo levante la mirada y participe. El Gobierno del Presidente José Antonio Kast ha comenzado a impulsar cambios que buscan devolver a las familias un papel más importante en la elección de la escuela, fortalecer la diversidad de proyectos educativos y abrir nuevas oportunidades. Es una señal de que podemos comenzar a preguntarnos no solamente cómo administrar la educación, sino qué necesitan nuestros niños para tener mejores oportunidades.

Y hay otra señal que nos interesa directamente. El Gobierno está impulsando modificaciones al sistema de los Servicios Locales de Educación Pública, flexibilizando el calendario de traspasos y abriendo la posibilidad de que municipios que puedan demostrar buenos resultados y una adecuada situación financiera tengan mayores posibilidades de continuar administrando sus establecimientos.

Santo Domingo no debería mirar este proceso desde la vereda.

La pregunta no debe ser simplemente si queremos o no queremos un SLEP. La pregunta es mucho más exigente:

¿Qué modelo educativo queremos para nuestros hijos?

Mi respuesta es clara: uno que ponga la calidad por encima de la burocracia, el futuro por encima de la comodidad y las oportunidades por encima de las trincheras ideológicas.

Si la Municipalidad puede administrar bien sus establecimientos, debe seguir apostando por ellos. No porque la municipalización sea sagrada ni porque el SLEP sea necesariamente malo, sino porque una comuna que funciona bien debe tener la posibilidad de demostrarlo.

La educación debe medirse por sus resultados.

Y hay un desafío adicional que ya no podemos ignorar: la inteligencia artificial está cambiando a una velocidad extraordinaria qué debemos enseñar y, quizás más importante todavía, cómo debemos enseñar. Nuestros niños necesitarán aprender a convivir con máquinas capaces de responder, crear, calcular y resolver problemas, por lo que la educación tendrá que desarrollar mucho más que conocimientos: pensamiento crítico, criterio, creatividad, responsabilidad, capacidad de relacionarse con otros y, sobre todo, una sólida formación valórica. Allí puede estar uno de los grandes sellos de nuestra educación: formar personas capaces de utilizar la tecnología sin convertirse en dependientes de ella, y que sepan distinguir no sólo lo que pueden hacer, sino también lo que deben hacer.

Y si queremos mejores profesores, más tecnología, más idiomas, más ciencias, más deporte y mejores oportunidades para llegar a la educación superior, debemos poner nuestras prioridades allí donde realmente se construye el futuro.

Eso también significa preguntarnos cómo queremos que se vea nuestra inversión pública.

Una plaza puede llenarse de alegría durante una tarde con un buen espectáculo. Un imitador puede convocar a cientos de personas. Hasta nuestros simpáticos crustáceos marinos pueden transformarse en inesperadas estrellas de una jornada familiar.

Pero una buena educación puede cambiar una vida entera.

Ese es el tipo de inversión que debería ocupar un lugar privilegiado en nuestras prioridades.

Y defender la educación municipal tampoco significa cerrarle la puerta a los privados. Al contrario.

Creo que Santo Domingo debe abrirla.

La participación de fundaciones, universidades, empresas, instituciones técnicas y organizaciones especializadas puede aportar conocimiento, innovación, tecnología, infraestructura y nuevas oportunidades. Público y privado no tienen por qué ser enemigos. Pueden ser socios cuando existe un objetivo superior: que nuestros niños aprendan más y puedan llegar más lejos.

La propuesta educacional asociada al Gobierno de Kast, al poner nuevamente sobre la mesa la libertad de elección de las familias, el mérito y la diversidad de proyectos educativos, abre una conversación que Santo Domingo debería aprovechar.

Porque el verdadero desafío no es defender una etiqueta.

Es defender a nuestros hijos.

Y para eso debemos mirar mucho más allá de la enseñanza básica y media.

El próximo alcalde de Santo Domingo tendrá una tarea que debería estar entre sus grandes prioridades: trabajar junto a los alcaldes, parlamentarios, autoridades provinciales, Gobierno Regional y sector privado para construir una verdadera estrategia educativa para la Provincia de San Antonio.

Necesitamos mejorar la calidad y accesibilidad de la preparación preuniversitaria para nuestros jóvenes, que los prepare de verdad para la PAES y les permita competir en igualdad de condiciones por las mejores oportunidades.

Y necesitamos comenzar a discutir algo que hemos postergado demasiado: una sede universitaria en la provincia.

Pero no cualquier sede universitaria.

Una que tenga sentido con el territorio que viene.

El Puerto Exterior demandará profesionales, técnicos y especialistas en logística, comercio exterior, ingeniería, tecnología, automatización, transporte, administración, seguridad, mantenimiento, energía y muchas otras áreas.

Si queremos que nuestros jóvenes sean protagonistas del desarrollo que viene, no podemos esperar a que el Puerto Exterior esté funcionando para preguntarnos dónde se formarán las personas que necesitará.

La educación debe llegar antes que las oportunidades, para que nuestros jóvenes puedan ocuparlas cuando lleguen.

Ese debería ser uno de los grandes acuerdos de la Provincia de San Antonio.

Santo Domingo puede ser una comuna pequeña, pero no tiene por qué pensar pequeño.

Podemos defender nuestra educación municipal cuando funciona. Exigir resultados cuando no funciona. Abrir nuestras puertas a los privados cuando aportan valor. Colaborar con universidades. Impulsar un preuniversitario provincial. Preparar a nuestros jóvenes para el puerto que viene.

Y podemos hacerlo sin miedo a cambiar.

Porque la verdadera defensa de la educación pública no consiste en defender una estructura administrativa. Consiste en defender la posibilidad de que un niño, independientemente de dónde haya nacido, pueda llegar más lejos si tiene talento, esfuerzo y oportunidades.

Eso sí vale la pena defender.

Porque nuestros hijos no pueden esperar a que terminemos de discutir quién tiene la razón.

El futuro ya está llegando.

Y sería imperdonable que, cuando llegue, nuestros jóvenes estén mirando desde la vereda porque nosotros no fuimos capaces de prepararlos.

 

Germán Mayo de Goyeneche

Ingeniero Civil Industrial PUC

Concejal – Municipalidad de Santo Domingo

 

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