¿Dónde están los actores?

Voces de la Provincia es un espacio abierto creado por la Fundación Soñar Santo Domingo para publicar las reflexiones, propuestas y opiniones de personas que contribuyen al debate público sobre el presente y el futuro de nuestra provincia. Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor

Álvaro Guzmán  Paez / Presidente JJVV Sirenas Santo Domingo

El extraño caso del COSOC que se quedó sin elenco

Dos veces se abrió el telón, dos veces faltaron los protagonistas y el COSOC volvió a quedarse sin elenco. La escena podría resultar cómica, si no fuera porque hace demasiado tiempo que estamos esperando que comience la función.

Por segunda vez este año, la Municipalidad de Santo Domingo ha debido declarar desierto el proceso para elegir a los integrantes del Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil, el COSOC.

Y esta vez cuesta mirar para el lado.

Una vez puede ser una dificultad. Dos veces ya son una señal.

Y la situación resulta todavía más preocupante cuando algunos integrantes del COSOC que terminó su período, y que participaron durante años en esta instancia, decidieron no volver a postular.

¿Qué está pasando?

El COSOC no es una ocurrencia municipal ni una comisión decorativa. La Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades establece que en cada municipalidad existirá un Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil y le asigna funciones concretas dentro de la participación ciudadana.

La misma ley establece que la municipalidad debe proporcionar los medios necesarios para su funcionamiento.

No dice “si hay ganas”.

Dice que existirá.

Por eso, cuando el COSOC no consigue constituirse, la discusión no debiera terminar en un comunicado informando que el proceso fue declarado desierto.

Ahí debería comenzar la discusión.

¿QUÉ ESTÁ FALLANDO?

La pregunta es inevitable:

¿Qué está haciendo la Municipalidad de Santo Domingo para incentivar realmente la participación de los vecinos en el COSOC?

Porque convocar no es necesariamente promover.

Hay que explicar para qué sirve. Hay que salir a buscar a las organizaciones. Hay que conversar con ellas. Hay que demostrar que participar tiene sentido.

Si nadie quiere postular, quizás los vecinos no están interesados.

Pero quizás también el municipio no está consiguiendo que participar resulte atractivo, útil y significativo.

Y tal vez estén ocurriendo ambas cosas.

UNA PARADOJA QUE NOS INTERPELA A TODOS

Pero aquí aparece una paradoja todavía más interesante.

La Municipalidad ha demostrado que sí tiene capacidad para convocar a los dirigentes de las organizaciones comunitarias.

En el reciente Día del Dirigente Comunitario llegaron alrededor de 340 dirigentes de distintas organizaciones. Hubo reconocimiento, comida y hasta baile con orquesta tropical.

Y está bien.

Quienes dedican tiempo y esfuerzo a sus comunidades merecen ser reconocidos. También merecen celebrar, compartir una buena comida y, por qué no, bailar un rato.

Pero entonces aparece una pregunta inevitable:

Si la Municipalidad puede reunir a 340 dirigentes para celebrar su trabajo, ¿cómo es posible que no consiga suficientes candidatos para constituir el COSOC?

Y aquí la pregunta no puede dirigirse solamente al municipio.

También tenemos que mirar a las propias organizaciones y a sus dirigentes.

Porque si el municipio los convoca, los reconoce, los escucha y hasta les prepara una fiesta, ¿por qué tan pocos están dispuestos a dar un paso más y asumir la responsabilidad de integrar el órgano que la ley creó precisamente para representar a la sociedad civil ante el municipio?

¿Será que participar en una ceremonia resulta más atractivo que participar en una instancia de trabajo?

¿Será que hemos ido convirtiendo la participación ciudadana en una actividad que se celebra, pero que cuesta asumir como responsabilidad?

¿O será, simplemente, que el COSOC no ha logrado demostrar que su trabajo tenga la relevancia que debería tener?

Todas son preguntas legítimas.

Y quizás la respuesta esté repartida entre todos.

Porque sería demasiado fácil culpar solamente a la Municipalidad.

Un municipio tiene la responsabilidad de convocar y generar espacios reales de participación. Pero las organizaciones y sus dirigentes también tienen la responsabilidad de ocupar esos espacios cuando existen.

De lo contrario, corremos el riesgo de caer en una paradoja bastante peculiar:

340 dirigentes para celebrar la participación, pero ni siquiera los suficientes para hacer funcionar el principal órgano institucional de participación de la sociedad civil.

Y aquí aparece, inevitablemente, la palabra incómoda:

¿FARANDULIZACIÓN?

No porque esté mal celebrar.

No porque esté mal reconocer.

No porque esté mal compartir una comida o bailar con una orquesta tropical.

El problema aparecería si la participación terminara reducida a eso: una ceremonia, un reconocimiento, una fotografía y una fiesta, mientras el órgano creado por ley permanece sin integrantes.

Pero tampoco sería justo exigirle todo al municipio.

Porque la participación ciudadana no puede ser solamente un servicio que la Municipalidad ofrece. También es una responsabilidad que las organizaciones y sus dirigentes deben estar dispuestos a asumir.

Si queremos ser escuchados, tenemos que estar dispuestos a participar.

Si queremos incidir, tenemos que estar dispuestos a trabajar.

Y si queremos que el municipio cambie, también tenemos que estar dispuestos a ocupar los espacios que la ley nos entrega para ayudar a cambiarlo.

Quizás, entonces, la pregunta más interesante no sea solamente qué está haciendo mal la Municipalidad.

Quizás también debamos preguntarnos:

¿Qué estamos haciendo mal nosotros?

¿DESIDIA MUNICIPAL?

No sabemos si esa es la explicación.

Pero sería bueno que la Municipalidad se hiciera la pregunta.

Porque declarar desierto un proceso electoral puede ser, administrativamente, una circunstancia.

Pero dos procesos desiertos son una pésima noticia para la participación ciudadana.

Y cuando la ley establece una institución destinada precisamente a incorporar a la sociedad civil organizada en la gestión municipal, que nadie quiera integrarla debería encender, al menos, una luz amarilla.

No para buscar culpables.

Para buscar explicaciones.

Porque si el COSOC se transforma en una instancia irrelevante, nadie querrá participar.

Y si nadie quiere participar, el municipio terminará administrando cada vez más solo.

Un municipio que escucha solamente cuando los vecinos golpean la puerta no está haciendo participación ciudadana.

Está haciendo atención de público.

No es lo mismo.

EL PROBLEMA ES DE TODOS. LA SOLUCIÓN, TAMBIÉN.

Tal vez sea hora de dejar de preguntarnos solamente por qué los vecinos reclaman tanto.

Y comenzar a preguntarnos algo bastante más importante:

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO, MUNICIPIO Y VECINOS, PARA QUE LA PARTICIPACIÓN FUNCIONE?

Porque un COSOC activo no se construye solamente desde el municipio, ni solamente desde los vecinos.

Se construye cuando el municipio abre las puertas, genera las condiciones y escucha de verdad; y cuando los vecinos cruzan esas puertas, participan, proponen y se comprometen.

Por eso, más que buscar culpables, creemos que este es el momento de asumir una responsabilidad compartida.

El municipio tiene que hacer su parte.

Los vecinos tenemos que hacer la nuestra.

Y entre ambos debemos recuperar este espacio, darle sentido y convertirlo en lo que debiera ser: un lugar donde Santo Domingo pueda escucharse, encontrarse y trabajar por su futuro.

Porque la participación no es una concesión del municipio a los vecinos.

Es una tarea que nos pertenece a todos.

 

Álvaro Guzmán Páez

Presidente

Junta de Vecinos Sirenas

Santo Domingo

 

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