Inclusión y equidad: un desafío que el deporte no puede eludir

Hay ciertos debates que nos interpelan porque hablan de algo más profundo que una regla, una competencia o un resultado deportivo. Hablan de cómo queremos convivir como sociedad y de qué oportunidades estamos dispuestos a garantizar a las nuevas generaciones.

La discusión sobre la participación de deportistas trans en categorías femeninas es uno de esos temas.

En tiempos donde las conversaciones públicas suelen transformarse rápidamente en trincheras, creemos que es importante abordar esta materia desde la serenidad, el respeto y la buena fe. Porque detrás de cada postura existen personas reales, historias de vida, familias y jóvenes que buscan desarrollar sus talentos y encontrar un espacio donde sentirse reconocidos.

Desde Fundación Soñar Santo Domingo creemos firmemente en la dignidad de todas las personas. Creemos en el respeto, en la inclusión y en la necesidad de construir comunidades donde nadie sea objeto de discriminación o exclusión arbitraria.

Pero también creemos en otro principio fundamental: la igualdad de oportunidades.

Y es precisamente allí donde surge una pregunta legítima que hoy está siendo abordada por organizaciones deportivas, federaciones y organismos internacionales en distintas partes del mundo: ¿cómo compatibilizar la inclusión con la equidad competitiva cuando determinadas características físicas pueden influir de manera significativa en el resultado de una competencia?

La existencia de categorías femeninas en el deporte no nació para separar personas. Nació para crear oportunidades.

Fue el reconocimiento de una realidad biológica lo que permitió que millones de mujeres y niñas pudieran competir, desarrollarse y alcanzar niveles de excelencia deportiva que, en competencias abiertas, habrían sido mucho más difíciles de conseguir. Gracias a esas categorías, generaciones enteras de deportistas encontraron un espacio donde el talento, el entrenamiento y la perseverancia podían expresarse en condiciones más equilibradas.

Por ello, cuando distintas organizaciones deportivas alrededor del mundo han comenzado a revisar sus reglamentos, no lo han hecho motivadas por la exclusión. Lo han hecho porque reconocen que existe una responsabilidad igualmente importante: proteger la equidad de la competencia.

En muchos deportes, especialmente aquellos donde la fuerza, la potencia, la velocidad o la resistencia son factores determinantes, las diferencias físicas derivadas del desarrollo puberal masculino pueden influir en el rendimiento de manera significativa. Ignorar esa realidad no contribuye a resolver el problema. Tampoco ayuda a construir consensos duraderos.

Lo que observamos hoy a nivel internacional es un esfuerzo por encontrar soluciones que permitan conciliar dos valores que una sociedad democrática debe ser capaz de proteger simultáneamente: la inclusión y la justicia competitiva.

No se trata de elegir entre uno u otro.

Se trata de reconocer que ambos importan.

Quizás una forma sencilla de expresar esta idea sea mediante una frase que resume el espíritu de esta reflexión:

Inclusión sí. Ventajas físicas no.

No porque las personas deban ser definidas por sus características físicas, sino porque el deporte, por su propia naturaleza, se construye precisamente sobre la búsqueda de condiciones de competencia equivalentes.

Desde Fundación Soñar Santo Domingo observamos esta discusión pensando especialmente en nuestras niñas.

Pensamos en aquellas que entrenan después del colegio. En quienes madrugan para competir un fin de semana. En quienes aprenden a perseverar cuando pierden y a ser humildes cuando ganan. Pensamos en las niñas que descubren en el deporte una fuente de autoestima, amistad y crecimiento personal.

Queremos que más niñas participen.

Queremos que más niñas permanezcan en el deporte.

Queremos que más niñas se atrevan a soñar en grande.

Y para ello es importante que perciban que la cancha donde compiten es una cancha justa.

Las sociedades avanzan cuando son capaces de sostener conversaciones complejas sin deshumanizar a quienes piensan distinto. Este es uno de esos desafíos.

Creemos que es posible respetar plenamente a todas las personas y, al mismo tiempo, proteger las condiciones que hacen posible la existencia del deporte femenino.

Porque el futuro que soñamos para Santo Domingo es uno donde la inclusión y la equidad no compitan entre sí, sino que avancen juntas.

Y porque toda niña merece la oportunidad de descubrir hasta dónde puede llegar cuando las reglas del juego le permiten competir en igualdad de condiciones.

Revisa el post de la Fundación Soñar Santo Domingo