
Menos cámaras. Más municipio.
Hubo un tiempo en que los alcaldes inauguraban las obras.
Hoy, a veces, pareciera que las obras existen para inaugurar al alcalde.
Hubo un tiempo en que uno se enteraba de que el municipio estaba haciendo bien su trabajo porque la plaza estaba limpia, porque el consultorio atendía mejor, porque el camino ya no se inundaba cada invierno o porque un trámite que antes tomaba semanas ahora se resolvía en pocos días.
Hoy, en cambio, pareciera que algunos creen que una gestión se mide por la cantidad de publicaciones que aparecen cada día en Facebook o Instagram.
Hay alcaldes que inauguran una obra. Luego supervisan la misma obra. Más tarde vuelven a visitarla. Y antes de terminar la jornada, aparece otro video recordándonos que estuvieron allí.
Comunicar no tiene nada de malo. Al contrario. La ciudadanía tiene derecho a saber qué hace su municipio y cómo se utilizan los recursos públicos.
El problema comienza cuando comunicar deja de ser una herramienta de transparencia y se transforma en un objetivo en sí mismo. Cuando la gestión empieza a organizarse para la cámara en lugar de organizarse para las personas.
La administración pública nunca fue creada para producir contenido. Fue creada para producir resultados.
Los municipios existen para administrar con responsabilidad los recursos de todos, según se lo manda la ley. Para planificar. Para mantener espacios públicos. Para resolver problemas. Para cuidar el patrimonio común. Para mejorar la calidad de vida de quienes habitan el territorio.
Y eso, aunque no siempre genere aplausos en las redes sociales, es el verdadero servicio público.
La buena gestión suele ser silenciosa.
No hace ruido cuando una licitación se prepara correctamente.
No genera miles de reproducciones cuando se renegocia un contrato que permite ahorrar millones de pesos.
No se vuelve viral cuando un proceso interno elimina burocracia y permite atender mejor a un vecino.
Sin embargo, son precisamente esas decisiones las que construyen municipios sólidos.
Vivimos en una época donde parecer ocupado muchas veces parece más importante que ser eficiente.
La política también ha comenzado a parecerse al mundo de los influencers: mientras más se publica, pareciera que mejor se gobierna.
Pero gobernar nunca ha sido una competencia por conseguir más «me gusta».
Como Fundación Soñar Santo Domingo creemos exactamente lo contrario.
La política necesita menos influencers y más buenos administradores.
Necesita alcaldes que conozcan sus números antes que sus estadísticas de redes sociales.
Que cuiden cada peso público como si fuera propio.
Que planifiquen antes de improvisar.
Que expliquen con transparencia en qué se gastan los recursos.
Que rindan cuentas con humildad.
Porque la confianza no se construye con videos.
Se construye con resultados.
Un alcalde no debería necesitar demostrar cada hora que está trabajando.
Las calles bien mantenidas, los espacios públicos cuidados, las cuentas ordenadas, los proyectos bien ejecutados y los vecinos mejor atendidos hablan mucho más fuerte que cualquier publicación.
En Fundación Soñar Santo Domingo creemos que la mejor comunicación institucional sigue siendo una gestión eficiente, responsable y transparente.
Porque las redes sociales pueden mostrar una obra.
Pero nunca podrán reemplazar una buena administración.
Al final, las mejores gestiones tienen una virtud extraordinaria.
No necesitan propaganda.
Hablan por sí solas.
Fundación Soñar Santo Domingo
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